Nicole Miller quería desarrollar un perfume que pudiera ser catalogado como "delicioso" pero también estar presente en la categoría de "la energía y la emoción", que son constantes en la vida que lleva Nicole Miller.
El proyecto fue confiado al perfumista Caroline Sabas de Givaudan, quien diseñó una fragancia que abre con notas de sorbete de casis, naranja brillante y aldehídos; su corazón es de gardenia amarilla, un exótico ylang-ylang, flores de naranja y hojas de violeta; y su nota de fondo está compuesta por pachulí negro, roble amusgado, cedro blanco y ámbar.
La diseñadora dijo en conferencia de prensa, en su showroom de la Seventh Avenue: "La mayoría de los perfumes no me gustan, todos me parecen demasiado viejos o demasiado florales. Mi ropa no envejece a la gente, por eso quería el mismo tipo de fragancia que fuera joven y moderna".